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Eduardo Ávila, fundador, lleva la dirección de Intertrópico Colombiana, con la colaboración de Juan Carlos Medina, responsable de marketing. Es una empresa con domicilio en Madrid, con experiencia de siete años en importación y distribución de productos de Iberoamérica.
¿De qué países importan los productos étnicos? Nos hemos especializado en bebidas y alimentos de marcas reconocidas de Colombia que tienen la preferencia del colectivo inmigrante de ese país, como son licores, cervezas, jugos, pony malta de Bavaria, gaseosas Postobón, chocolate Luker, gran variedad de dulces, panelas y bocadillos de guayaba. Importamos toda la gama de confitería, galletería. El café colombiano lo traemos en grano para procesarlo en España, donde lo empacamos con nuestra marca y lo mismo sucede con harinas derivadas del maíz, para producir arepas y natillas, que también empacamos localmente. Con la marca Intertrópico el consumidor encuentra arequipe, ají casero, papa criolla, brevas en almíbar, arepas, empanadas, quesos, fríjoles, mazamorra, cuchuco y ajiaco, todos los cuales incorporan materias primas de Colombia, Perú, Ecuador o España y tienen localmente algún proceso de elaboración o empaque. Paraguay es el otro país seleccionado para importar productos elaborados, amparados por la marca Selecta y otras de prestigio en ese país, o traer materias primas para transformar en España. La yerba mate la traemos de Paraguay y Argentina. En nuestra lista hay más de 1000 productos de Iberoamérica. ¿Cuál es el soporte logístico para almacenaje y distribución? El gran soporte para distribución logística lo tenemos en nuestras instalaciones de Alcorcón, y el punto de exhibición y venta de productos está en c/ De los Reyes, 17, Madrid, que por años ha sido el sitio al que acuden los latinos a buscar sus preferencias alimenticias. ¿Cuáles son las dificultades que afronta el empresario en este negocio? El exceso de normas que se aplican en las aduanas y en todas las etapas del proceso de elaboración, conservación, distribución y la mala interpretación de esas normas, lo que ha llevado a la ruina a pequeños importadores que no logran nacionalizar su mercancía, sino que se las queman. Es frecuente que rechacen dar el visto bueno a un producto porque no lo conocen, no tiene el mismo nombre o no figura en el Catálogo oficial, que es un listado de 1983. De Colombia por ejemplo no se pueden traer “achiras” (un pan elaborado con una harina de origen vegetal), ni “borojó” una de nuestra frutas nacionales. ¿Cómo ven el futuro del sector? Lleno de oportunidades que van en aumento por el número de inmigrantes. Trabajamos con productos que no tienen estaciones de producción ni de consumo. Es cierto que el consumidor exige calidad del producto y buen servicio, pero cuando la mercancía llena esos requisitos, decimos: ¡no se vende, sino que la compran! |