El escaparate es la tarjeta de presentación que entrega el establecimiento a sus clientes potenciales, los transeúntes, que deben recibir su mensaje en apenas unos segundos. Por tanto, la información contenida en él ha de “ir al grano”, es decir, ser clara, concisa y directa. Éstos son algunos consejos que te ayudarán a conseguir el objetivo.
EL PRINCIPIO “AIDA”. La importancia del escaparate y en general de los exhibidores aumenta cuando los productos de la tienda no son de primera necesidad. En estos y en todos los casos, el escaparate de éxito debe cumplir el denominado “principio AIDA”: atraer la Atención del paseante, despertar su Interés, crearle un Deseo de compra y provocar una Acción de entrada al establecimiento.
PRODUCTOS DE LA TIENDA. Lo primero que debe reconocer el cliente es ante qué tipo de establecimiento se encuentra y qué es lo que allí se vende, lo cual se consigue exhibiendo productos que se encuentren dentro de la tienda. De nada sirve exponer artículos que no se encuentren disponibles, no se venden o carecen de relación con el negocio.
CONCORDANCIA DE ESTILO. El escaparate debe sintetizar y reflejar las características de tu establecimiento. Si tu tienda se distingue por vender a costes muy bajos, coloca los precios bien visibles. Si, por el contrario, te caracterizas por ofrecer artículos de lujo, trata de mostrar una imagen de mayor elegancia y deja los precios en un segundo plano o no los incluyas en el escaparate.
ORGANIZACIÓN LÓGICA. La distribución de los productos debe ser coherente, ordenando los artículos por marcas o líneas de producto similares. Si, por ejemplo, tienes un negocio de instrumentos musicales, agrupa el material por familias, es decir, las guitarras con las guitarras, los amplificadores con los amplificadores, etc.
SIMPLIFICACIÓN. Como es obvio, no hay espacio suficiente para incluir todos los productos de la tienda. Por ello, debes realizar una selección de los artículos más representativos o que estén en oferta. Esta selección no ha de ser demasiado amplia, para no sobrecargar el escaparate. Las ventas de rebajas y de saldo son situaciones excepcionales en las que puede ser interesante mostrar el mayor número de productos posible.
LIMPIEZA E ILUMINACIÓN. La limpieza y la iluminación son dos de los valores que más contribuyen a la buena imagen del escaparate y del establecimiento en general. La cristalera y el resto de elementos (puerta, toldo, etc.) deben ser una parte importante del plan periódico de limpieza, pues es la primera impresión que el cliente tiene del negocio. La iluminación tampoco se puede dejar al azar; para mejorar este aspecto te puedes valer de múltiples técnicas, como emplear focos adicionales para resaltar algún producto de los expuestos o dotar al espacio de tonos tenues para mostrar una imagen más intimista.
CAMBIOS PERIÓDICOS. Conviene renovar la muestra exhibida cada cierto tiempo, especialmente si los productos de tu negocio varían a lo largo del año, como es el caso de las tiendas de ropa. Es preferible hacer el cambio a intervalos regulares, procurando que cada composición sea diferente a la anterior en forma y mercancía expuesta, pero sin perder la línea de tu estilo, con el fin de llamar la atención de los clientes, especialmente de los que ya conocen tu tienda.
INTERACTUAR CON EL ENTORNO. Un recurso muy acertado es relacionar el establecimiento con el lugar y contexto en que se sitúa. En este sentido, un escaparate puede variar dependiendo de las posibilidades estéticas que ofrezca la ciudad o barrio en que se encuentre, como pueden ser los valores castizos de Salamanca o los modernistas de una ciudad del Levante. También se pueden tener en cuenta acontecimientos sociales o fechas señaladas, como fiestas patronales o navidades. No obstante, no hay que perder la perspectiva y tener claro que los fines del escaparate son puramente comerciales y no artísticos.